2 de julio del 2019
Mi primer alumno, B., de 7 años, comenzó su primera sesión muy ilusionado.
Al principio decía "Creo que...." Intento que no piense y que realmente lo vea.
Acierta puntualmente pero le pican los ojos y se empieza a quejarse de dolor de cuello, espalda...
En la tercera sesión comienza a acertar colores y animales.
Dudo si está viendo por debajo de la máscara, pero no quiero que piense que desconfío de él.
Desde la cuarta sesión ya puede leer. Con el libro elevado, en la mesa, me parece difícil que pueda ver por debajo pero obviamente siempre está presente la duda de si tal vez está viendo por algún hueco.
Elijo confiar.
Como se aburre con facilidad le cambio de actividad con frecuencia: Colorear, unir puntos, poner pegatinas,... Hay que negociar con él, porque aunque puede hacer cualquier actividad sin problema, no quiere leer y prefiere jugar a lo que sea. Normal.
Decido juntarle con G, que ha comenzado las clases, en la siguiente sesión para que sea más divertido. Lee cada vez uno una página de un libro. Luego se enseñan cartas que deben ir adivinando. Por último juegan en el jardín con la una pelota. Aunque ven o intuyen la dirección, les cuesta cogerla. También hay que decir que se la tiran bastante mal :)

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